Esquiando


A ver si nos refrescamos un poco después de los calores veraniegos.
A estas alturas del siglo XXI imagino que es de casi todos conocido que las personas ciegas podemos esquiar. No hay secreto en ello, solo colaboración y técnica. Pero me apetece contároslo desde dentro, según mi experiencia, que no tiene por qué parecerse a la de otros.
  Cuando me propusieron por primera vez una salida para ir a esquiar, sinceramente no lo pensé dos veces, pero he de reconocer que no tenía ni idea de cómo iba a resultar. Se trataba de una estancia de cuatro días en una estación de esquí nórdico (esquí de fondo) organizada por la ONCE. Tuve que alquilar todo el material porque yo jamás había esquiado y no tenía absolutamente nada, sólo un mono de mi hermana que usaba ella para el esquí alpino con el que casi me muero de calor el primer día. Uf, jamás habría dicho que se pudiera estar en la nieve en manga corta y aún así sudar la gota gorda.
Bueno, el primer contacto con el medio encima de unos esquís estrechos y largos como palillos fue toda una aventura. De repente ya no son tus pies los que dominan la situación. Los pies en contacto con el suelo son los que ven, los que reconocen el terreno, pero una vez les colocas las botas y los anclas a las fijaciones, pierden referencias, y han de comprender que en lugar de unos centímetros, miden dos metros. Mmm, así que nada, empleas un buen rato en procurar no pisarte las espátulas, o las colas, en no hacerte los esquís un lío y acabar en el suelo. Porque claro, el suelo no se está quieto, resbala, se mueve debajo de ti, y a la que te descuidas se te escapa.
Bien, cuando por fin consigues que los esquís se mantengan en paralelo y te hagan caso, ayudada por los bastones que no sólo sirven para impulsarte sino que actúan como dedos reconociendo el terreno, llega el momento de ponerse en marcha. Aquí entra en juego la figura del guía, el piloto, la persona que esquiará contigo. ¿Y cómo se hace?
Hay que diferenciar entre el esquí de pista o alpino y el nórdico, la tarea del guía varía sensiblemente en cuanto a técnica. Yo siempre practiqué el de fondo, y aunque también probé el alpino y sé cómo trabajan los pilotos, me limitaré a explicar lo que mejor conozco.
Los circuitos de fondo están trazados, es decir, existen en ellos una especie de raíles, dos surcos paralelos y continuos en la nieve en los que se colocan los esquís, y que sirven para encarrilarlos. En las curvas casi siempre están desdibujados, pero este sistema ya de por sí es una guía inmejorable que prácticamente nos permitiría esquiar sin piloto. Este puede esquiar delante de ti, detrás o incluso a tu lado si el circuito lo permite. Su misión es anticiparte ciertos cambios, giros bruscos, dirección de los mismos, cambios de rasante, presencia de otros esquiadores obstaculizando el paso. Lo hace, por supuesto, mediante la voz, dando información breve, clara y concisa. Si tienes la suerte de contar siempre con el mismo guía, llega a establecerse un código de comunicación que reduce la información a señales que no necesitan de mayores esfuerzos para ser descifradas. La velocidad que se adquiere a menudo es realmente considerable y se hace preciso que dicha comunicación sea fluida y exacta a fin de evitar accidentes.
Existen circuitos con tramos complicados en que la técnica se hace tan necesaria que la concentración para ejecutarla impide incluso disfrutar del entorno. Pero en esos mismos o en otros, el placer de esquiar unido al goce de los alrededores es soberbio. Pongamos que la nieve es polvo (la helada suele hacer del circuito una pequeña pesadilla que no da lugar a evasiones), el día claro, diáfano, no importa si hace frió, enseguida puedes desprenderte de la ropa más gruesa. Sientes el crujido bajo los esquís, el sonido del roce al deslizarse que se asemeja al de un avión despegando si alcanzas gran velocidad. El viento entre los árboles, silbando en tus oídos. Al llegar a la altura máxima de uno de estos circuitos, te sientas en una roca y… es increíble el sonido del silencio, es como estar dentro de una campana, la calma absoluta. Y delante un cortafuegos, varios centenares de metros montaña abajo, una pala recta, sin obstáculos, sin trazas… Esquís en paralelo, a huevo, como se dice en la jerga… ¿Podéis imaginar la sensación de libertad cuando te dejas llevar por la gravedad, la inercia, cada vez a más velocidad, tú y la nieve bajo tus pies?
Esquiar mientras nieva es otra experiencia inolvidable. El sonido se acolcha entre copos, y su percepción se modifica y a veces distorsiona y lo mismo puede producir inseguridad como todo lo contrario, porque realmente parece que estés envuelta en algodones y que por tanto nada vaya a poder lastimarte.
He conocido varios circuitos: Baqueira, Tuixent, otros tantos en Catalunya, Sierra Nevada, circuitos en los Alpes franceses, en Andorra. Todos ellos tienen algo que los hace especiales, un recodo, un paraje, una recta vertiginosa, una dificultad que te enorgullece superar, una anécdota para recordar, un campeonato ganado.
Y también los pilotos dejan su huella y como en todo, los hay mejores y peores. El alocado que no teme a nada y que te mete por todos lados, confiando en tus posibilidades, animándote a enfrentar dificultades y peligros con un grito de guerra. El prudente, que no abandona la traza ni que lo maten y busca siempre el camino más fácil. El que por despistado roza casi la negligencia. Guardo recuerdo de anécdotas con cada uno:
Una travesía fuera de pistas magistralmente guiada entre árboles con el primero de ellos para al final caer rendidos en un agujero de mas de un metro de nieve polvo, riendo y hundidos hasta la cintura. El aburrimiento de ir y volver constantemente por el mismo tramo de circuito hasta un decir, “mira, ¿sabes? Acompáñame a la cafetería que creo que tomar una taza de chocolate caliente será una aventura más apasionante”, con el segundo. Y un confiar que tu piloto está cerca, vigilándote, controlando, cuando te dejas caer por una pendiente pronunciada y al llegar abajo y frenar, te das cuenta de que estás sola, que te has salido del circuito y que el tercero de los ejemplares ha seguido adelante sin ti (gracias abeto por estar un poco más a la derecha de mi trayectoria).
Hace muchos años que no esquío, pero mientras practiqué este deporte disfruté muchísimo… ah, y nunca me hice daño, que es lo primero que me preguntan cuando lo explico.

Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

2 opiniones en “Esquiando”

  1. Soy nuevo en tu blog. acabo de descubrirlo.
    Me he puesto a bucear en él, entrando por todas partes y metiendo la nariz por todos lados.
    Pero no. Acabo de decidir que tengo que dosificarme. Que tengo que disfrutar de cada una de tus lecturas. Que tan sólo puedo usar una por día.

Y tú, ¿qué opinas?

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