Dame una señal

Si estás en alguna parte, dame una señal. Tú sabes hacerlo. No hay vigías que puedan contra la inteligencia. Solo una señal, algo que nadie más pueda descifrar, algo que solo tú y yo conozcamos.

No pregunto, no busco. Un día prometí que apartaría de mí el cáliz de la preocupación. ¿Cuándo caducan las promesas? Cuando el tiempo se alarga y la ignorancia se torna profunda como un pozo.

He aprendido una cotidianeidad sin ti, como a menudo se aprende un libro de texto, de memoria, lo justo para aprobar, sin entender. Sin embargo, no hay día que busque los buenos días o añore las buenas noches. He aprendido a que no estés, a no explicarte, a no reír contigo o de ti.

Lo peor de las ausencias es no saber. Si te vas porque quieres, ten la dignidad de decirlo. Si te llevan, aunque no quieras, dame una señal. Si ya no estás, deja que pregunte y no me lo tengas en cuenta.

Sin un adiós, la espera, por mucho que termine suavizándose, se convierte en una espera eterna. Si estás en alguna parte, dame una señal. Si no estás… ojalá te sientes al lado de aquellos a los que más amaste.

El olvido es huidizo, pero temo que pronto tendrá que llegar el día en que necesite rozarlo con la punta de los recuerdos para curarme de ti.

Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

Y tú, ¿qué opinas?