La fatiga del novel

Voy a explicar en qué consiste el agotamiento y el desánimo de un escritor novel.

La primera consideración consistiría en que una no sabe cuándo se deja de ser novel, supongo que se calcula y decide por miles de ejemplares vendidos. Hay que ser un superventas para que te quiten la etiqueta pues no basta con hacer buena literatura. Pero esto casi que no importa, a efectos de lo que quiero reseñar aquí.

Los lectores habituales de nuestras obras nos piden más. Yo llevo cinco novelas publicadas. Pareciera que eso significa que tengo las puertas abiertas y el terreno despejado para seguir escribiendo hasta que la muerte me separe de la Literatura, valga el símil del matrimonio con tan noble y esforzado arte.

Bueno. Ocurre que no es así. Cuesta engendrar ideas más o menos originales, así como llevar adelante un embarazo que nunca se sabe lo que va a durar y durante el que intentamos que esa idea se forme, adopte un cuerpo razonablemente armonioso y listo para ser parido. Que esa es otra. Lo que hay que bregar hasta el parto solo lo saben los que escriben.

Y ya tenemos al recién nacido en brazos. ¿Y ahora qué? El cansancio infinito de enviar manuscritos a tantas editoriales como parezca que pueden hacerse eco de la obra aunque, lo malo no es enviarlos, sino que, por regla general, son poquísimas por no decir casi ninguna, las que se dignan siquiera a acusar recibo de los mismos. Esto implica que nunca sabemos si los han recibido o si se han extraviado en el submundo de las carpetas de no deseados o en la saca de algún brioso cartero. Si por un casual o milagro, llegan a responderte, lo hacen con un correo electrónico genérico que a todas luces nos indica que ni por asomo han leído nuestra misiva, ni mucho menos el manuscrito en cuestión.

Puede que te respondan en una semana y te ofrezcan un contrato abusivo mediante el que has de comprometerte a comprar montones de ejemplares para que te publiquen; o que te pidan un copago de la edición; o que te prometan una campaña de marketing y un mailing a medios de comunicación que llegarán a todo el territorio, sea este el que sea, pero jamás se comprometen a intentar que te respondan y te hagan un hueco en sus apretadas agendas.

No hablemos ya de concursos literarios fraudulentos o concursos editoriales sobre los que recae la sospecha de estar amañados.

Y aquí es cuando comienza la sangría. Los novel tenemos un bolsillo agujereado por donde se cuelan multitud de gastos, y ya no hablo de lo que pueda costar una publicación no tradicional del tipo que sea, tanto si es autopublicación como si es con editoriales de dudosa calaña. Por poneros unos pocos ejemplos: marcapáginas, tarjetas, detalles para regalar a los lectores, viajes para presentaciones, alquiler de salas, ejemplares regalados a bloggers, o a escuelas o institutos, a bibliotecas (que por cierto, muchos son en papel, enviados por correo postal y que a menudo ni siquiera te dicen si los han recibido o siquiera si los han leído, y eso que suelen aceptar ellos que los envíes)… y un etcétera bastante largo.

A todo esto hay que sumar el tema de las redes sociales. Necesitamos una presencia constante en ellas para que nuestros reclamos, mensajes, llamamientos (dígase como se desee), lleguen a posibles lectores. Y no todos estamos dispuestos o preparados o tenemos soltura y gracejo para dedicarnos a esta fatigosa actividad. Y los intentos infructuosos de contactar con quienes podrían dar un empujón a tu obra, que tampoco contestan,…

Sí, existe la fatiga del novel, que finalmente, por mucha ilusión que tenga en escribir, pierde fuelle y ganas. No nos engañemos. Es muy bonito decir eso de que escribir para uno mismo es suficiente. No. Una vez hemos publicado, cuando ya hemos recibido el feedback de los lectores, lo que queremos es escribir para ellos, que vuelvan a emocionarse y a sentir con nuestras obras. Pero llega un día en que se pierde la ilusión.

Es posible que me lluevan críticas, pero me da igual. Es posible que esto lo lean cuatro personas; también me da igual. Yo he dicho lo que quería.

Una sorpresa inesperada… como todas las sorpresas

Banner: Es un montaje en el que se ven como en 3D dos libros con su portada (descrita más abajo), unos dados y unas fichas, y el logo de Amazon.

Mirad qué os traigo, una de mis creaciones más mimadas. Mimada por el contenido, el trasfondo y por el trabajazo de incorporar colores a la historia. Confieso que lleva mucho tiempo en mi ordenador, pero nunca había hecho nada con ella.

Y vivo porque me toca es un libro infantil y juvenil, pero con un contenido que puede leer cualquier persona hasta los 100 años por lo menos, y no solo leerlo sino que apuesto a que lo va a disfrutar.

Gracias a Marien F. Sabariego por la portada y la maquetación. Gracias a mi sobrina Marina Vivó por nuestra Lori pues la niña de portada es ilustración suya y es preciosa.

Hoy he recibido mi ejemplar y, pese a que hace muy poco publiqué Dos horas para que sea mañana, la ilusión que me ha hecho no tiene más que una descripción : he vuelto a flotar.

Ejemplar del libro. El fondo es blanco y se puede ver un camino de casillas con dibujos, algunos en plano, otros con perspectiva, como si tubieran relieve, un puente, una posada... Avanzando por las casillas, Lori, una preciosa niña toda vestida de amarillo, con el pelo recogido en una cola y una dulce cara. Del lomo surgen como unos rayos en azul y en las esquinas hay unos puntos.

Aora corred a comprarlo para vuestros nietos o hijos (y luego, así como quien no quiere la cosa, lo leéis vosotros).

Podéis comprarlo aquí.

Pronto estará disponible en digital… y quién sabe si en algún otro formato, prometido.

Y a quienes vivís cerca de donde vivo yo, de nuevo os propongo conseguiros ejemplares que puedo llevaros puerta a puerta, dedicados y firmados.

Una vez más, gracias por vuestra fidelidad.

Sant Jordi, porta a porta, puerta a puerta

Salta a la versión en Castellano.

Per raons òbvies, aquest any no podem celebrar sant Jordi, un dia que seria estrany, estiuenc i calorós, però que de ben segur, copsaria una vegada més l’esperit d’una diada tan nostra.

Se’ns tanquen les portes, però jo t’ofereixo unes altres, un porta a porta.

Si vius a Ribes i vols adquirir algun dels meus llibres, et dono l’oportunitat de poder-ho fer. Contacta amb mi a través de:

info@martaestradagalan.es

DM per Twitter: @martaestradag

També em pots contactar per Whatsapp si coneixes el meu telèfon.

Només m’has de dir quin o quins llibres vols, d’aquells dels que disposo exemplars, i jo te’ls portaré a casa el dia 23, seguint totes les mesures de seguretat establertes.

Aquí tens uns enllaços on trobaràs informació dels llibres.

Las mariposas también vuelan.

Yo te cuidaré.

Dos horas para que sea mañana.

Si vols ajudar uns llibres que ja tenien les maletes fetes per anar de presentació daquí cap allà, o que ja s’emperifollaven per lluir el dia de sant Jordi… ja ho saps.

Tant de bo pogués arribar més lluny, tant de bo correus ens donés un marge per enviar llibres sense un sobrecost. Però no és així.

Gràcies per ser-hi. Sempre.

Por razones más que obvias, de nuevo nos quedamos a las puertas de poder celebrar un sant Jordi, aunque extraño y caluroso, pero seguro que con el mismo espíritu festivo de los de toda la vida, los primaverales, los de días medio lluviosos o de sol radiante.

Te ofrezco otras puertas diferentes: un sant Jordi puerta a puerta. Si vives en Ribes, si te interesa adquirir alguno de mis libros, solo envíame un mensaje. Ponte en contacto conmigo a través de

info@martaestradagalan.es

DM por Twitter: @martaestradag

o por Whatsapp si conoces mi teléfono,.

y concertaremos una entrega a domicilio, el jueves día 23, adoptando todas las medidas de seguridad oportunas.

Te dejo unos enlaces para que fisgonees entre los libros de los que dispongo ejemplares. Elige el que quieras y te lo dedicaré, te lo llevaré a casa, y sabrás que has contribuido a desenpolvar libros que ya tenían las maletas hechas para irse de presentación a colonizar otras estanterías.

Yo te cuidaré.

Las mariposas también vuelan.

Dos horas para que sea mañana.

Me gustaría poder llegar más lejos, a todo el mundo fuera de mi localidad. Ojalá correos nos diera margen para enviar libros sin que fuera tan costoso, pero no es así.

Gracias por estar. Siempre.

Carta de John Steinbeck

A los que quieren escribir, a los que nos flagelamos por pasar tiempo sin ser capaces de hacerlo. A los aspirantes a ver su nombre en la portada de un libro. A los que se ahogan en el intento. A quienes iniciamos un relato, una novela, una historia y, a la segunda frase, decidimos que no merece la pena seguir.

Leed lo que escribió hace casi sesenta años el maravilloso John Steinbeck:

8 de marzo de 1962

Querida Edith Mirrielees:

Estoy encantado de que su obra Story Writing se publique en rústica. Alcanzará a una audiencia mayor, y eso es bueno. Puede que no enseñe al lector a escribir una buena historia, pero sin duda le ayudará a reconocer una cuando la lea.

Aunque debe hacer mil años desde que me sentaba en su clase en Stanford, recuerdo la experiencia muy claramente. Tenía un brillo en los ojos y una mente frondosa y estaba preparado para absorber de usted la fórmula secreta para escribir buenas historias cortas, grandes historias cortas, incluso.

Usted mató esa ilusión muy rápidamente. La única manera de escribir una buena historia corta, dijo, es escribir una buena historia corta. Sólo después de que haya sido escrita puede ser diseccionada para ver cómo fue hecha. Es un género de lo más difícil, nos dijo, y la prueba reside en qué pocas grandes historias cortas hay en el mundo.

La regla básica que nos dio fue simple y descorazonadora. Una historia, para ser efectiva, debe transmitir algo de escritor a lector, y el poder de esa ofrenda es la medida de su excelencia. Aparte de eso, dijo, no hay reglas. Una historia puede ser sobre cualquier cosa y puede utilizar cualquier medio y técnica mientras sea efectiva.

Como subtítulo a esta regla mantenía que era necesario para el escritor saber lo que quería decir, en definitiva, saber de qué estaba hablando. Como ejercicio nos hacía reducir la esencia de la historia a una frase, sólo entonces nos permitía agrandarla a tres o seis o diez mil palabras.

Así que ahí estaba la fórmula mágica, el ingrediente secreto. Con nada más que eso nos enviaba por el sendero, desolado y solitario, del escritor. Y debimos presentarle algunas historias abismalmente malas. Si yo había esperado entonces ser descubierto en toda mi excelencia, las notas que puso a mis esfuerzos me desilusionaron rápidamente. Y si me sentí injustamente criticado, los juicios de los editores durante muchos años estuvieron de su parte, no de la mía.

Me parecía injusto. Podía leer una buena historia y podía incluso saber cómo se había hecho, gracias a sus enseñanzas. ¿Por qué entonces no podía hacerlo por mí mismo? Bueno, no podía, y quizá es porque no hay dos historias que se parezcan. A lo largo de los años he escrito muchas buenas historias y todavía no sé cómo hacerlo excepto escribiendo una y probando suerte.

Si hay una magia en escribir historias, y estoy convencido de que la hay, nadie ha sido capaz de reducirla a una receta que se pueda pasar de una persona a otra. La fórmula parece residir solamente en la urgencia dolorosa del escritor por transmitir algo importante al lector. Si el escritor tiene esa urgencia, puede que algunas veces, pero de ninguna manera todas, encuentre la manera de hacerlo.

No es muy difícil juzgar una historia después de que haya sido escrita, pero tras tantos años, comenzar una historia todavía me produce un miedo mortal. Iré aún más lejos y diré que si un escritor no está asustado, entonces es felizmente ignorante de la majestuosidad, tentadora y remota, del medio.

Me pregunto si recuerda el último consejo que me dio. Fue durante la exhuberancia de los ricos y frenéticos veinte y yo salía al mundo a intentar ser un escritor.

Me dijo: «Va a llevarte mucho tiempo y no tienes dinero. Quizá sería mejor si pudieras ir a Europa.»

«¿Por qué?» Pregunté.

«Porque en Europa la pobreza es una desgracia, pero en América es una vergüenza. Me pregunto si podrás soportar o no la vergüenza de ser pobre.»

No fue mucho después que llegó la depresión. Entonces todo el mundo fue pobre y eso ya no fue más una vergüenza. Así que nunca sabré si hubiera podido soportarlo o no. Pero sí tenía razón en una cosa, Edith. Me llevó mucho, muchísimo tiempo. Y todavía estoy en ello y nunca se ha vuelto más fácil. Usted me dijo que no lo haría.

John Steinbeck.

Confesión literaria

Nunca he sido buena con las redes sociales ni mucho menos con el marketing. Unos nacen para promocionarse, les sale solo, así, como si tuvieran un gen específico. Bueno, yo no. Se me da fatal, qué queréis que os diga. Soy pésima.

Lo que se me da un poco mejor es poner en palabras lo que pienso o siento, y hoy quiero hablaros del batacazo que ha supuesto la pandemia para los modestos autores como yo, que publicamos justo antes de que todo saltara por los aires.

Con una novela calentita de imprenta, me encontré de pronto con que había que cancelar todos los eventos planeados o en proceso de planificación, léase presentaciones. Estaba ya en conversaciones con salas de Barcelona, Madrid, Esplugues de Llobregat, informándome para Bilbao, y, lo que me hacía más ilusión y que ni siquiera hubo tiempo de empezar a modelar, un encuentro en la escuela a la que acude la chica coprotagonista de mi novela. Por suerte, llegué a tiempo de presentar la obra en la biblioteca Manuel de Pedrolo de mi pueblo, con mi fiel público lector de tantos años y al que debo tantísimo.

Ello supone quedarse en casa con multitud de ejemplares que iban destinados a venderse en las firmas de estos eventos. Imaginad el trabajo de tantos meses, la ilusión, el esfuerzo, el tiempo empleado, la confianza depositada en un producto final que sé que es bueno. No, no es inmodestia, ni muchísimo menos, es el fruto de muchas horas y de toda la experiencia que he podido reunir en años. ¿Que peca de alguna carencia? ¿Que tiene algún defecto? Por supuesto, seguro que sí. Pero lo digo con la humildad de saber lo mucho que cuidé y mimé la obra.

Y añadamos lo frustrante que es tener la certeza de que antes que pueda recorrer un camino provechoso, se hallará en más de un sitio web para ser pirateada.

Es posible que la mayoría ni siquiera hayáis oído hablar de la novela. Permitidme que os la presente:

Portada de Dos horas para que sea mañana donde se ve un velero en un mar revuelto. Por debajo de la superficie, unas rocas. Tonos azules y grises.

Y ahora decidme… ¿No os parece interesante que alguien dispuesto a suicidarse, con un convencimiento absoluto de lo que desea hacer, que ya prepara todo para un mutis silencioso, termine detenido, acusado como autor de un presunto delito de lesiones por agresión y de secuestro de una menor? ¿No os entran ganas de saber qué pasa con él?

Ese es Lucas Guerrero, que navegará por las horas intentando no perder el rumbo de su decisión, pero que encontrará escollos abruptos como Marcelo Godoy; escurridizos como Eva, su exmujer; inquietantes como Nando, el paseante de libros; firmes como su amigo Nacho o sencillamente luminosos como Andrea.

Podéis conocerlos. Disponible en papel y en digital.

Podéis informaros aquí.

O también aquí.

También puedes pedirla en tu librería habitual.

Espero de corazón que podamos vernos en el sant Jordi veraniego del día 23 de este mes. Y vaya desde aquí mi recuerdo y apoyo para todas las personas que han sufrido por culpa del covid19, ya sea por enfermedad, pérdida de seres queridos, desempleo o cualquier otra causa, ante las cuales, mi pequeña queja de escritora se queda en una gota de agua. Un abrazo tan virtual como sentido.

Lo que quiero hacer

Cuando escuchábamos cuarentena nos parecía que era algo de otro siglo, o lo que hacemos las mujeres después de dar a luz, que eso sí son 40 días de verdad. vinculado a un elemento tan desconocido, tan virulento por su capacidad y rapidez de contagio realmente asusta.

No voy a entrar en debates de si no nos dicen toda la verdad, si nos manipulan, si no se está haciendo todo lo que hay que hacer. lo que tengo claro es que yo sí sé lo que he de hacer y es quedarme en casa, no por mí, sino por la persona mayor que más me importa en el mundo: mi madre. Y por solidaridad con todas aquellas que sin que tengan especial relación conmigo, estarán igualmente expuestas si no cumplimos con las recomendaciones que nos están llegando desde las autoridades competentes. Por responsabilidad y sentido común.

Y hay otra cosa que me apetece hacer. Me uno a la iniciativa de compartir mis novelas publicadas y que están en formato epub gratuitamente con todos aquellos que las queráis. Un refugio para Clara, Yo te cuidaré y Las mariposas también vuelan.

lo único que tenéis que hacer es enviarme un correo y serán vuestras. Lo encontraréis

aquí.

Actualizo a día 16 de marzo.

También podéis solicitarme un enlace de descarga directo escribiéndome un DM (los tengo abiertos, no hace falta que me sigáis si no queréis) al usuario:

@martaestradag

Mi cuarta novela

Hoy, en mi cumpleaños, te presento mi cuarta novela, Dos horas para que sea mañana, me atrevería a decir que mi obra más madura literariamente hablando. Un nuevo camino a recorrer y que espero, de verdad, poder hacerlo como siempre con todos vosotros.

Editorial: Europa Ediciones

Precio: € 14,90

Género: Narrativa

Colección: Edificar Universos

Páginas: 240

Idioma: español

…yo me quedo apoyado en el marco, expulsado de mi realidad, exiliado de mis propósitos, reducido a mero espectador. Estoy inmerso en una especie de perplejidad seguramente impropia de un suicida convencido…

Lucas Guerrero, enfermo de cáncer, decide poner punto final a su existencia el mismo día en que cumple 42 años y a los 20 de que Héctor, su hermano gemelo, falleciese en accidente de tráfico. Sin embargo, hay cumpleaños que no se desarrollan como uno los había planeado y, tras acabar detenido y acusado como autor de un presunto delito de lesiones por agresión y de secuestro de una menor, el protagonista de esta historia se verá obligado a replantearse algunas cosas, empezando por su futuro más inmediato.

Narrada en primera persona, Dos horas para que sea mañana convierte un corto espacio de tiempo en una hazaña de superación personal y en un episodio en el que el apoyo familiar adquiere el justo valor que merece cuando alguien se enfrenta a la enfermedad y a sus peores recuerdos. Su calidez y cercanía hacen de esta novela una lectura inolvidable donde los libros y el acto de la lectura cobran un apropiado protagonismo. Y es que eso es lo que quizá nos hace la literatura, seres excepcionales.

Año 2019

no soy dada a hacer balances ni a plantearme propósitos cuando dejo un año atrás y enfrento la llegada del siguiente, más que nada porque lo hecho, hecho está, y lo por venir suele quedarse en buenas intenciones.

Sin embargo, mi 2019 ha destacado entre los anteriores por varios acontecimientos y retos que sí me gustaría compartir con vosotros, no tanto por sacar mis logros a la luz sino para alentar a quienes duden, teman o piensen directamente que no es posible hacer según qué. Siempre he defendido que la tan traída y llevada sentencia de que querer es poder es más un comodín que una realidad: a menudo, muy a menudo, la verdad que pretende encerrar dicha aseveración no es tal verdad. Querer no siempre es poder, pero decir que no se puede sí que con frecuencia esconde un no querer atreverse a poder. Ya disculparéis este juego de palabras.

Jubilarse, que es algo que legalmente sí he podido hacer este año, asusta a muchas personas. Dejar de estar activos no debería dar miedo si buscamos la actividad en otros terrenos que no sean en el laboral. Pese a echar de menos a las personas con las que te has visto durante años todos los días, ni por un segundo he lamentado dejar atrás esta etapa de mi vida. He seguido ocupando mis días tal como lo hacía mientras trabajaba, pero con la tranquilidad que da saber que al siguiente no has de madrugar para ir al trabajo, así caigan chuzos de punta o abrase el sol.

Clases de canto, ensayos con mi coral y conciertos con la misma. Pilates y caminatas para mantener el cuerpo en forma y no solo la mente. Llevar adelante el proyecto de un juego on line que ha ocupado muchísimas horas, meses, hasta haberse podido abrir al público. Terminar mi cuarta novela que verá la luz en enero, si todo va viento en popa.

Quizás todo parezca muy novedoso, pero en todo ello no hay nada que no hubiera hecho o a lo que me hubiera dedicado con antelación.

Lo que realmente marcó la diferencia este año fue haberme decidido a hacer un curso de técnico en intervenciones asistidas con animales. Me costó tomar la decisión por todo lo de dificultoso que entrañaba: cinco fines de semana alternos en Alcobendas (Madrid). Profesionales que nunca habían formado a una persona ciega. Viajes, estancias. He de deciros que tuve miedo, pero finalmente me inscribí, me lancé, y a día de hoy, con el diploma en la mano puedo deciros que nunca he hecho algo tan enriquecedor, tan estimulante. Que pocas veces he conocido a personas tan entregadas, no solo profesoras sino compañeras. Nunca había vivido una naturalidad y complicidad tan auténticas desde el minuto cero.

No voy a explicaros en qué ´consiste, si tenéis interés, podéis visitar su página web:

www.dogtoranimal.es

Sí quiero dejar constancia del esfuerzo, los miles de kilómetros en desplazamientos, las 9 horas intensísimas los sábados y las 5 los domingos, tomando apuntes, planificando sesiones, haciendo roleplay de las mismas, aprendiendo a conocer a muy distintos grupos de usuarios y conviviendo no solo con las chicas del curso sino con los perros que, felices y entregados, se prestaban pacientes a practicar con nosotras. Las prácticas reales en una residencia de ancianos donde pude vivir en mi piel y en mi alma los efectos que este tipo de intervenciones tienen sobre las personas, personas que incluso están totalmente ausentes de su entorno y terminan por conectar con la actividad que se prepara para ellas gracias a, en este caso, un perro. Y el último domingo del último fin de semana, los exámenes, el teórico, el práctico con un perro y el práctico planeando una sesión y exponiéndola oralmente. Hacía muchísimos años que no tenía que estudiar para nada obligatorio ni mucho menos examinarme, y ni os cuento el estrés. Pero lo conseguí. Ahí sí que quise y pude.

Y quiero romper otra lanza a favor de una aplicación que muchas personas no se atreven a utilizar por miedo, recelo o desconfianza. Blablacar:

www.blablacar.es”

Todos mis viajes salvo dos que me tocó hacer en AVE porque no encontré uno que me conviniera los gestioné a través de dicha aplicación. Mirad:

¡No te lo vas a creer!

¡Vaaaaaaaaaaaamos! Has hecho 4539 Km compartiendo coche en 2019, ¡enhorabuena! Gracias a gente como tú, Marta, entre todos estamos cambiando el hábito en la forma de viajar: haciendo un uso más responsable del vehículo, compartiendo recursos y ahorrando en emisiones de CO2. ¡Gracias por aportar tu granito de arena!

Os la recomiendo al cien por cien. No solo por la cantidad de dinero que se ahorra sino porque llegas a conocer gente estupenda, personas interesantes y solícitas que, a menudo, sin estar su destino exactamente donde el tuyo, te dejan en la puerta, o que sin tener que pasar por tu casa, te recogen lo más cerca posible. He vivido muy gratas experiencias, incluso he hecho amigos. No negaré que buscar viaje terminó por convertirse en un plus de estrés porque algunas veces no daba con uno que me viniera bien hasta el día anterior a tener que viajar, pero con todo y con eso, os animo a que no descartéis esta opción si necesitáis desplazaros.

No, no suelo hacer balance, pero si no queda más remedio… Fue un buen año, la amiga que perdí querría que fuera así.

Publicar

Parece que la palabra publicar esconde algún tipo de magia que encandila a los que nos gusta escribir, no solo antes de ver alguna obra nuestra hecha libro sino incluso después, cuando uno o más de estos se han materializado ya. Es una especie de fuerza que nos absorbe, nos hace entrar en un extraño y magnético frenesí que termina por arrastrarnos.

¿Quién no desea ver publicado el fruto de su esfuerzo literario, sea del tipo que sea?

Claro que, una vez estamos dentro de la maquinaria, no todo es tan liviano y maravilloso. El proceso es arduo y, a menudo, tedioso. Imaginaos, al menos en mi caso, tras haber leído y releído innumerables veces la obra, durante y después de su creación antes de entregarla a una editorial, y luego, tener que volver a releerla en las galeradas, es decir, las correcciones del manuscrito.

Imaginaos, también en mi caso, que la primera ronda te la envían en un formato que no da ningún problema, pero la segunda y las siguientes, va en un PDF que se puede leer sin dificultad, pero que se desdibuja a saber por qué y a menudo presenta palabras juntas, líneas entrecruzadas, numeración inexacta de líneas, y algunas lindezas más debido, supongo, a la siempre presente, aunque sea ligera, incompatibilidad del lector de pantalla con este tipo de programas.

Imaginaos la minuciosidad de listar en una tabla todo lo que a ti te parece que es incorrecto, que se ve mal, para que luego te digan que no, que debe ser problema de tu lector, que el formato se ve bien y, sin embargo, tener siempre la incertidumbre de si realmente dejarás algún error por señalar pensando que es otro espejismo.

Horas y horas de relectura, de anotaciones. ¡Sabéis qué ocurre? Que llega un momento en que tu obra te harta, te aburre y llegas a pensar que no la soportas.

Pienso, no quiero ni imaginar cuando me la envíen maquetada, si tengo que volver a pasar por todo esto. Y veremos qué pasa a la hora de aceptar la portada que diseñen.

En fin, que antes de tener el libro en las manos, hay que trabajar a fondo, remar como en galeras y sudar la tinta gorda.

Pero os digo algo. Cuando llega ese momento, cuando coges el primer ejemplar, lo hueles, lo acaricias, cuando comprendes que por fin lo tienes contigo, que podrá llegar a tus lectores, todo lo anterior se olvida. Sí, es como un parto.

Y pronto, en un par de meses, quizás, tendré la satisfacción de presentaros…

Si estáis atentos a Twitter, es posible que en poco tiempo os revele el título.

Per la Txell

Un bosque frondoso con muchos árboles por cuyas copas se filtran los rayos del sol.

No, no podia saber que marxava.
Ho sabia? Ho pensava?
Potser sí que imaginava
que hi ha un camí que s’acaba, que quan hi poses un peu
ja no és possible tornar-ne.
Una veu, un xiscle agut, un somriure murri.
Sempre una immensa rialla.
Inclús callant, inclús cansada,
impossible no copsar la seva força,
la seva ma estesa,
una empenta esbojarrada.
Amiga, companya, com deies tu, suprana.
Canta, riu, xiscla.
Des d’on siguis, amb nosaltres.