Así se escribió Mester de Brujería

Puede que os preguntéis cómo es esto de escribir a cuatro manos. Desde luego, no somos los primeros, y seguro que no seremos los últimos; pero cierto es que cada dúo emplea sus propios métodos de escritura compartida.

Os explicaré cómo nos las apañamos Pedro de Andrés y yo. Tras varias conversaciones, análisis de pros y contras, decidimos que cada uno se ocuparía de su propio personaje, él del masculino y yo del femenino, Rapaz e Inesia. Aunque no es así durante toda la novela, la estructura general es de un capítulo por pluma. Él escribió los del juglar, yo, los de la aprendiz de bruja.

Salvo algunos relatos iniciales de Pedro que fueron conduciendo la trama, en muchos momentos, por no decir casi todos, ni él ni yo sabíamos lo que iba a hacer el personaje del otro, cómo iba a reaccionar y en qué bretes se iban a meter el uno a la otra o la otra al uno. Era como la vida real, siempre a la expectativa, con lo que la historia ha evolucionado de una forma orgánica y emocional de una gran riqueza. Teníamos claro dónde íbamos a llegar, pero ni idea de cómo.

Y me diréis, ¿y los diálogos? En esos momentos, el WhatsApp echaba humo. Aquel de los dos a quien correspondiese, escribía su intervención. Acto seguido, salía mensaje anunciando turno de réplica. A veces podíamos responder al momento, en otras ocasiones había que esperar. Los archivos estaban colgados en una plataforma para trabajar conjuntamente, y allí iba creciendo la novela.

Si el capítulo era de Rapaz, yo escribía las intervenciones de Inesia, además de las acotaciones que las acompañaban. Por ejemplo:

-Rapaz, no podemos seguir por esa senda -me advirtió Inesia con una especie de gruñido.

De este modo, yo seguía teniendo el dominio de mi personaje y él sabía cómo reaccionaba a sus palabras

Si el capítulo era de Inesia, lógicamente, las acotaciones a sus intervenciones eran desde el punto de vista de ella. Por ejemplo:

-Rapaz, no podemos seguir por esa senda -le dije con una especie de gruñido.

Si le damos la vuelta a todo, Pedro hacía lo propio con las intervenciones de Rapaz en ambos casos. Puede parecer un poco complicado de entender, pero seguro que cuando lo leáis lo veréis claro.

Trabajando de esta manera, pronto nos vimos envueltos en una historia que tenía vida propia y que nos obligaba a meternos constantemente en los personajes para ser capaces de responder a cada acontecimiento. Las riendas de los secundarios las tomábamos cada cual según en el capítulo donde apareciesen.

El proceso fue más fluido y divertido de lo que nos pudiera parecer en un principio y, desde luego, lo hemos disfrutado muchísimo.

Quizás repitamos.

Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

Y tú, ¿qué opinas?