Alzheimer


Un lunes cualquiera, Ezequiel salió contento de casa. Compró el pan, saludó a los transeúntes y acarició a un perro abandonado. Como le sobraban unos minutos, se sentó en un banco y disfrutó del sol.
Tres horas más tarde, dispuesto a regresar, se puso en pie, miró confundido alrededor y, olvidando la barra integral, echó a andar, indeciso.
Caminó un buen rato sin reconocer su entorno. Con espanto, desorientado, preguntó por su propia dirección. Con más rudeza que amabilidad, le indicaron que debía dar la vuelta y cruzar cuatro calles.
Arrastrando el dolor de huesos, Ezequiel desanduvo todo el camino. Cuatro calles eran cuatro cruces. Uno…, dos… tres… Se detuvo. ¿Había contado dos o tres?
—Dos…
Tres… cuatro. Dobló la esquina, victorioso y exhausto. Pero su casa no estaba allí.
Y Ezequiel lloró.

Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

Y tú, ¿qué opinas?