Sorteo (hasta el 10 de febrero)

¿Quieres un ejemplar firmado y dedicado de Las mariposas también vuelan?

Participa. Es muy sencillo.

Solo tienes que suscribirte al blog si lo deseas, utilizando el formulario de la barra lateral (no es obligatorio, pero me resulta más cómodo para gestionar los avisos) y dejar tantos comentarios como quieras en esta entrada. Pero no comentarios sin más. O bien explicando algo de tu infancia que te apetezca compartir o bien plasmando alguna impresión sobre la novela, si ya la has leído. A cada persona que participe se le otorgará un número por cada comentario válido que escriba.

Tienes tiempo hasta el 10 de Febrero. El día 11 buscaré una mano inocente para extraer la papeleta ganadora y el día 12 os daré a conocer el ganador. El ejemplar en papel será solo para participantes dentro del estado español. Si es de fuera de España, recibirá el ebokk vía Amazon, siempre que disponga del dispositivo adecuado.

Hoy, 8 de febrero, os desvelo que la mano inocente que tecleará el número ganador es la de Lorenzo Silva. Lo hará a través de Twitter. Un honor para mí y para este blog que se haya prestado a ello. Gracias, Lorenzo.

Anímate y participa. Y suerte.

Resultado del sorteo:

Aquí tenéis la copia del tuit enviado por Lorenzo Silva con el número ganador.

Lorenzo Silva, Siempre he sido del 7. Para #lasmariposasvuelan y @MartaEstradaG hace 6 horas, Twitter Web Client

Olvidó el también en el título, pero se lo perdono, con cariño y agradecimiento por su colaboración.

La agraciada con el número 7 ha sido Pepi. Ella dejó cuatro comentarios. ¡Enhorabuena!

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Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

33 opiniones en “Sorteo (hasta el 10 de febrero)”

  1. Empecé a leer el libro y me está gustando mucho la manera cómo vas introduciendo a los personajes y sus descripciones. Gracias por escribir y regalarnos tu creatividad llena de vivencias y emociones!!!

  2. Que bueno y saludable es tener un amigo-amiga para compartir secretos!!!
    Crecemos, nos hacemos fuertes y aprendemos a volar por nosotros mismos.
    Me encantan las mariposas y sobre todo verlas volar!!!!

  3. Marta, cómo me hace recordar mi adolescencia esta novela… Mira, ahora voy a preparar chocolate deshecho, por envidia que me dio Marina… Vamos a ver cómo me sale, porque a mí siempre me lo hizo mi madre… Y, por supuesto, me lo voy a comer con pan, que era como más me gustaba!!!

  4. Todavía no he leído la novela, pero tengo muchas ganas (¡a ver si hay suerte y me toca!!), así que te voy a contar algo de mi infancia. Yo soy una lectora compulsiva, leo más de cien libros al año, y además reseño casi todos en mi blog. Pues… ¿te puedes creer que mi padre (que es profesor y psicopedagogo) me tenía prohibido leer cuando era pequeña? Durante mi infancia no me importó demasiado (aunque hoy sí me arrepiento de no haber podido leer en su momento cuentos y libros maravilloso) pero cuando descubrí la magia de la lectura me escapaba a casa de mi abuela para poder leer lo que me apetecía. En fin, anécdotas de una lectora que empezó a hacerlo tarde pero con ganas 😉
    Un beso!!

    1. En cambio mi padre, que nunca fue lector en su juventud, despertó mi pasión por la lectura, como he dicho tantas veces, gracias a los ratos que me dedicó leyéndome novelillas durante mis estancias de hospital. Otro beso para ti, y suerte.

  5. Me acabo de enterar de este sorteo, Marta, y como aún no he comprado el libro, pues voy a participar pero con una historia de mi hija Ana cuando tenía cinco años, casi recién cumplidos, y que no sé si a ella se ha quedado en la memoria y que creo complementa la de Lidia porque la equilibra. Ahí va:
    Íbamos en el coche que tenía entonces, un R-8, llevando a mis dos hijas Ana y Mar a casa de su madre cuando, un poco antes de llegar a la glorieta de Atocha que estaba casi completamente atascada por el tráfico como era costumbre, al pasar frente a la parada de los autobuses que llegaban allí y que eran muchos le dije a Ana que deletreara los anuncios que tenían en los laterales (ya sabía los nombres de las letras), de manera que Ana empezó a deletrearlos y Mar a decir las letras que conocía, sin orden ni concierto ( Mar tenía entonces dos años). Para que dejaran de aturdirme le pregunté a Ana si sabía cuál era la primera sílaba del primer anuncio -del que maldito sea si recuerdo que anunciaba- y ella va, se fija y me lo dice despacito y pensándolo muy bien mientras Mar decía sílabas a voleo. De pronto Ana empieza silabear todo el anuncio. Y después repite las palabras diferenciando entre ellas y, de carrerilla, siguió leyendo los de todos los autobuses que había en la parada intercalando la frase ¡ya lo entiendo todo, ya sé leer! de vez en cuando. Llegó a casa de su madre gritándolo tan contenta a los cuatro vientos, a todo el que quisiera oírlo. La luz se había hecho en ella y, todavía, no ha dejado de leer.

    1. Lo de tu hija me recuerda mi aprendizaje autodidacta del Braille. Aprendía letra a letra, intentando memorizar la combinación de puntos, pero sin hacerme una idea de cómo sería leer. Resultó que al final de la hoja donde estaba el abecedario (una que entregaba entonces la Caja de Pensiones) aparecía escrita la dirección donde se había imprimido y algún dato más. Cuando mis dedos cayeron allí y pude entender lo que ponía… ¡Ya lo entendía todo, ya sabía leer! Un beso.

        1. Hoy te voy a contar un recuerdo de cómo era yo de pequeño. Cuando salía a la calle lo primero que hacía era buscar a mis amigos para pelearme con ellos. Como soy aries me gustaba pelear. Y lo mismo cuerpo a cuerpo (que era lo más satisfactorio para mí) como participar en una drea. Una drea consistía en buscar piedras adecuadas por el solar más cercano a tu casa y un muro o mejor una esquina, que te guarecía por dos lados, desde dónde podías defenderte y consistirla en tu castillo,acumular las piedras allí y lanzar un desafío a tus amigos para que intentaran sacarte de allí ¡a pedradas!.
          Con estos antecedentes, la primera vez que me abrieron la cabeza fué a los cuatro años -la edad en que aprendí a leer, que es lo que me ha traído este recuerdo- con una pedrada dada en Los Alcázares, pueblo de Murcia entonces o de la Comunidad Murciana de ahora.Todavía me acuerdo del píiiing de sonido metálico que oí al estrellarse el canto rodado contra mi frente. Y mi padre que me llevó al médico que me puso dos grapas metálicas -que no sé si lo serían pero me parecieron enormes- para parar la hemorragia mientras me decía lo valiente que era por no llorar. Y la verdad es que estaba tan interesado en la manipulación de mi herida que ni se me ocurrió. Lo que sí que me ocurrió es que no escarmenté y esa no fué la última pedrada que me dieron en la cabeza, por no nombrar el resto del cuerpo. Por cierto la palabra drea supuse, tiempo después, que venía de pedrea y no la de la lotería precisamente.

        2. Qué tremendo eras… Yo también aprendí a leer a los cinco años, por imperativo legal. La maestra del jardín de infancia me rompió las gafas al abofetearme en la cara (porque hablaba) y como los directores de la escuela eran amigos de mis abuelos, me pasaron a primero. Pobrecita de mí…

  6. Ja ja, sí, dejaba todo lo que quería que se enfriara rápido en el alféizar de la ventana, como el chocolate y la tortilla de patatas, que siempre me han gustado fríos. Bueno, hice el chocolate y lo disfruté mojando pan, pero verdaderamente no me resultó tan maravilloso como cuando lo preparaba mi madre aquellas mañanas de domingo…

  7. Tardé mucho en poder acudir a la escuela por mis problemas visuales y cuando por fin me llevaron a los 12 años, conocí a mi primera y gran amiga y compañera de juegos, aventuras literarias y vivencias que dejaron huella en mis recuerdos. Esa amiga fue mucho más que eso para mí; fue mi hermana…

    1. Yo acudí a ese colegio cuando me quedé ciega… pero viví la misma experiencia con respecto a una amiga que fue y es algo más que eso. Qué bonita casualidad, ¿verdad?

  8. Llevo mucho atraso lector y este todavía no lo tengo. Tuve una infancia feliz que quedó marcada a las ocho años con la muerte de mi mejor amiga. Alicia era una morena de ojos verdes preciosa y un torbellino que no veía el peligro. Yo era más apocada y nos complementabamos a la perfección. Nuestro pueblo en aquel entonces estaba dividido por la N-340, y a pesar de haber un paso subterráneo siempre la atravesabamos por arriba. Siempre tuve claro que tanta insensatez nos iba a pasar factura, pero no una tan alta.
    Volvía de vacaciones cuando cerca de su casa destellaban las luces de las ambulancias y la policía, me tiré del coche de mi padre cuando todavía no había parado y estuve gritando su nombre hasta que llegué a la esquina con mis padres corriendo detrás. A esas alturas yo ya sabia mi mi amiga estaba muerta, algo se había roto dentro de mi.
    Al llegar al hospital la conectaron a una máquina, la intubaron y yo cada día me iba encerrando un poquito más dentro de mi, cuando me intentaban asegurar que se recuperaría yo siempre movía la cabeza en un no casi imperceptible para ellos y un grito horroroso en mi cabeza.
    La desenchufaron dos meses después y todas las lágrimas se me quedaron dentro, me tuvieron que separar de su ataúd al que me agarré con todas mis fuerzas. Una espinita se quedó dentro de mi, ni me dejaron despedirme, mi amiga estaba desfigurada y sus padres me lo prohibieron.
    Durante años eso me peso como una losa, su madre me explico casi 20 años después porque lo hizo y casi le tuve que dar las gracias.
    Se que una parte de Alicia se quedó dentro de mi porque de vez en cuando me sale la vena alocada, alegre e insensata.
    Todavía tantos años después sigo visitándola en el cementerio, y es ahora cuando vierto todas esas lágrimas que siendo una niña se quedaron dentro de mi. Ahhh y sigo haciéndole confidencias. Hay cosas que no pueden cambiar aunque no la pueda ver ni tocar.

    1. Qué recuerdo tan duro. Estoy segura de que Alicia, esté donde esté, escucha tus confidencias y te da alas para que le des oportunidad a esos arrebatos de alegría alocada. Un beso grande, Carmina.

  9. Me encantó tu joyita.
    Trajo a mi mente recuerdos y emociones de mi infancia. Yo también me crié en una zona donde los campos dejaban de ser campos y en su lugar crecían esqueletos de edificios. Y también jugaba entre los montones de arena y las zanjas de las nuevas construcciones. Y siempre los amigos, su recuerdo parece de ayer, no de hace tantos años. Por desgracia, todos chicos, y digo por desgracia, porque en esos años de diferencia que me llevo contigo, se nota muchísimo la represión de la época.

  10. La infancia es un hermoso pasado. Yo guardo muy buenos recuerdos. Algunos no lo son tanto. Sobre todo los que tienen que ver con el colegio. Sin embargo, los mejores son los que viví con mi Bueli: la mujer masinteligente, hermosa y divertida del mundo. Me quería con locura… y yo a ella

  11. Marta, encara no he tingut el raconet de temps per llegir “Las mariposas también vuelan”, però comparteixo una vivència amb tu, encara que no la visquéssim juntes: jo també vaig descobrir l’afició per la lectura de nena, en una temporada llarga en què vaig estar malalta i els de casa em llegien per distreurem. això ha marcat molt positivament la meva vida!

    1. Sí que ho vam compartir. Recordo aquells sopars a casa teva i la teva mare, normalment, llegint-nos novel·les de les que no recordo el títol, alguna cosa així de Rocagrossa, novel·les juvenils en català. A casa teva vaig començar a escriure’n una, influenciada per aquestes lectures…: “Viatge meravellós amb una família esverada i un gos”! Un petó.

  12. Mi infancia fue de lo más extraña habiendo vivido la de mis sobrinos. Fui muy tímida hasta entrada la edad “adulta”, adulta entre comitas porque no quiero dejar, nunca más ahogarse esa niña interior.
    🙋🏽

  13. Este libro me hace recordar muchas cosas de mi infancia y adolescencia. Aparte de que estuve en muchos de los escenarios que en él se describen (la calle de la Iglesia, la iglesia donde hice la comunión, la morera y el gimnasio del colegio San Isidro, esas casas abandonadas en las que bien podría haberse convertido la que albergaba mi pequeño colegio…), me llenaron de nostalgia las mañanas de domingo con chocolate deshecho para desayunar y mi adorado Tulicrem, que siempre me pareció muchísimo más bueno que la famosa y empalagosa Nocilla. ¡Lo que daría por volver a comer Tulicrem con pan!! Me costaba mucho resistirme a la tentación de hundir un dedo en la tarrina y chupármelo con total deleite. ¿Y la mantequilla de colores?? También me gustaba, pero nada que ver con el riquísimo Tulicrem.

  14. hola de nuevo Marta.
    Te escribo de nuevo, ya que mi anterior comentario no entraba en el sorteo 😉

    y ya que la cosa va de libros y lectura, quiero compartir contigo una pequeña encdota infantil.
    Cuando yo era muy pequeño, en el colegio nos obligaban a leer un poco en casa todos los días. Incluso nos daban unas fichas, para que nuestros padres reyenaran, sobre cuanto tiempo leíamos cada día..
    El caso, es que yo era demasiado pequeño para leer libros demasiado extensos… así que mi madre me hacía leer cuantos muy pequeños… de esos en los que cada página son digujos enormes con un par o tres de lineas de texto abajo, contando brevemente lo que sucede en cada página.
    Pues mi favorito de estos, era Alicia en el país de las maravillas. Y llegué a leerlo tantas veces, que me lo aprendí de memoria.
    Al final, me limitaba a recitar lo que ponía en cada una de las páginas sin molestarme en leerlo realmente.

    Un abrazo muy grande.

  15. ¡Muchísimas gracias!! ¡Qué suerte que Lorenzo haya elegido el 7, que también es uno de mis números preferidos! Me hace muy feliz tener “Las mariposas también vuelan” en papel, aunque ya lo leí en soporte electrónico y me encantó. Será bonito tenerlo en mi biblioteca; poder olerlo y acariciar sus hojas e, imagino, su suave portada. Lo haré volar, igual que las mariposas, entre amigos y familiares que quieran conocer su contenido y disfrutar de su sensibilidad y ternura, como yo lo he hecho. ¡Gracias, Marta, por tanta emoción contenida en esas páginas!

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