Mi máquina Perkins

Una máquina Perkins

Esto que veis no es un aparato rudimentario del siglo XIX. Hoy en día, si bien muchas personas ciegas han abandonado el Braille por mor de las nuevas tecnologías, no es menos cierto que el sistema de lecto-escritura continúa vigente, o debería continuar. Sé que cuanto voy a decir ahora puede crear mucha polémica, pero opino que un ciego que no sepa Braille roza el analfabetismo. Por mucho que domine un teclado de ordenador o escuche libros en audio, pienso que no hablamos de lo mismo. Y si no, ¿qué se diría de los videntes que no supieran escribir a mano ni leer más que escuchando archivos mp3, por ejemplo?

Antes de seguir, unas brevísimas pinceladas históricas. La escuela Perkins para ciegos de Watertoown, Boston, se fundó en 1829. John Dix Fisher consideró por primera vez la idea de una escuela para niños ciegos tras su visita al Instituto para Ciegos de París. Su historia nos ha dejado experiencias como la de Laura Bridgman, una chica sordo-ciega, o la archiconocida Helen Keller. En 1931 se crearon la Perkins Braille y la Talking Book Library, y en 1951 David Abraham produjo con éxito la primera Perkins Brailler, la máquina de escribir en sistema Braille. Justo un año antes de llegar a mis manos, en 1977, alrededor de cien mil Perkins Braillers habían sido producidas y distribuidas en todo el mundo. Actualmente Perkins produce la máquina clásica, la de Próxima Generación y la Inteligente lanzada en 2012 con salida de texto a voz, pantalla visual y aplicaciones para la enseñanza del braille.

Visité la Perkins School for the Blind en mayo de 1994. Me impresionaron sus instalaciones, aunque lo que más recuerdo son los espléndidos jardines y un globo terráqueo inmenso en relieve en el vestíbulo.

La Perkins me acompañó durante unos buenos treintaicinco años, desde que mis padres me compraron una al poco de quedarme ciega. Y la verdad, supongo que tuvieron que realizar un gran esfuerzo económico porque, si mal no recuerdo, les costó unas 75.000 pesetas, mucho dinero para la época. Pero creo que jamás he amortizado algo como amorticé la máquina, tanto, que la pobre acabó para el desguace. Trabajos del colegio, cartas y más cartas, cientos de cartas, tan largas que había que cerrarlas por volúmenes para enviarlas, y que no cabían en los buzones. Trabajos del instituto y la facultad. Poemas, cuentos, novelas, acabadas e inacabadas, relatos. Más cartas. No había día que durante horas el traqueteo de las teclas no inundase el aire, aderezado con el campanilleo cuando el carro llegaba al final de la hoja.

Bueno, carro tal como se entiende no exactamente, que el de la Perkins no se mueve, no se desplaza a medida que se escribe. Lo que se va moviendo de izquierda a derecha por encima del papel es la pestaña con la placa que alberga los punzones. El papel se coloca en el rodillo haciendo girar las perillas, y va saliendo por el mismo sitio por el que se ha colocado a medida que con una tecla (la redonda de la izquierda) se van bajando líneas, como en cualquier máquina. Las palancas a derecha e izquierda son las que liberan el papel y la que hay en el frontal es la que mueve lo que en una máquina serían los tipos, en este caso, la placa que contiene los punzones que horadan el papel. La tecla redonda de la derecha es el retroceso.

Hay tres teclas a cada lado de la espaciadora, correspondientes a los seis puntos que componen el sistema Braille y que, pulsadas a la vez, utilizando las distintas combinaciones, impulsan los punzones desde abajo y forman las letras. No voy a explicar aquí cómo es y cómo se utiliza el Braille, pero si alguno de vosotros siente interés, solo tiene que decirlo y con mucho gusto despejaré su curiosidad.

Y es mucho más fácil de lo que aparenta, sobre todo si se lee con la vista. En 1986 trabajé dando clases de Braille a adultos ciegos, pero también impartí un curso de dos semanas a videntes, la mayoría, profesores o maestros de música, y puedo aseguraros que salían bien preparados con el tiempo del que disponíamos.

Mis primeras novelas, como he dicho, las escribí con la máquina. Entonces sí que era mejor no equivocarse. Los puntos de más podían borrarse con la uña, aunque era un recurso poco pulcro en cuanto a los resultados, pero si cometía algún error de contenido no había más remedio que cambiar la página y reescribirla entera de nuevo. Claro que… a veces resultaba más cómodo no hacerlo, y de ahí las incoherencias en mis escritos de aquella época, sin restar protagonismo a la falta de documentación y la ingenuidad.

Tras doce o trece años sin utilizarla, y habiéndola echado mucho de menos, el otro día adquirí una de segunda mano, y poner las manos en sus teclas fue como iniciar un ritual antiguo y memorable. El traqueteo vuelve a resonar en mi casa.

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Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

1 opinión en “Mi máquina Perkins”

  1. Maravillosa máquina Perkins que yo aún conservo, impecable, desde los 15 años… Yo no escribía novelas como hacías tú, pero sí montones de apuntes pasados a limpio, ejercicios y trabajos del instituto y de la facultad, así como cartas y más cartas entre cuyos destinatarios te encontrabas tú, mi amiga del alma con quien compartía todos mis desvelos, mis alegrías y mis tristezas… ¿Qué hubiera sido de mí sin mí queridísima Perkins??? Mi aliada incondicional, la única que conoció todas mis intimidades vertidas en aquel diario que, lamentablemente, un día decidí tirar a la basura… ¡Cuántas veces me arrepentí de haberme deshecho de él!!! Actualmente, enseño braille a personas con y sin vista y es realmente satisfactorio ayudar a que personas ciegas puedan llegar a escribir y leer por sí mismas, sin voces humanas o sintéticas como intermediarias, así como desvelarle a las personas videntes los misteriosos intríngulis del braille que tan difícil les parece al principio y que tan bien escriben y leen cuando terminan el curso… Me alegra mucho que esas personas puedan ayudar y atender mucho mejor a, por ejemplo, sus alumnos ciegos. El sistema braille es y será siempre, por muchos detractores que tenga, insustituible por las nuevas tecnologías. Al contrario, pueden complementarse perfectamente.

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