Discriminación positiva

La mencioné en mi entrada anterior. Y aquí voy con ello.

¿Es buena o mala la discriminación positiva? Se trata de un concepto que quizás algunos no conozcáis. La negativa la vivimos a diario, salta constantemente a nuestras vidas, a los medios de comunicación, se respira en todos los ámbitos y, en general, se comprende bien lo que significa. La Discriminación, así, en mayúsculas, la que se llama racismo, o intolerancia, o discriminación de género, etc., la que tiene tantas facetas como tal vez personas.

Pero la discriminación positiva es casi invisible. Sin embargo, muchas personas con discapacidad, o diversidad funcional, llámese como cada cual prefiera, la vivimos no a diario, pero sí a menudo. Y vuelvo a preguntar, ¿es buena, mala? ¿Es perjudicial o beneficiosa?

Me atrevería a decir que depende de cada individuo, de cómo la sienta y la procese, pero también de cada situación, del entorno, del momento, de la edad.

Generalmente, resulta cómoda, y ahí radica su peor peligro. La comodidad nos apalanca en una zona de confort de la que a veces cuesta salir, o de la que quizás ni siquiera nos planteamos salir.

Pondré varios ejemplos. Yo comencé a vivirla en el instituto, cuando no sabía ni siquiera lo que significaba. Más bien creo que no se había acuñado dicho concepto. Pero mi inconsciencia adolescente, infantil, a lo mejor, me hacía pasar por ella con la alegría y despreocupación de quien no mide las consecuencias.

Hice la secundaria integrada en un instituto, es decir, iba a clase con compañeros videntes. Primera discriminación positiva: exenta de Educación Física. Bueno, ¿y por qué, si estaba perfectamente sana? Con un poco de esfuerzo por parte del profesor y por mi parte, podría haberme integrado en esa clase. Pues no. Era más cómodo quedarse sentada en el aula haciendo otras cosas, o irme a casa si el horario lo permitía. ¿A quién beneficiaba eso? A mi comodidad. Nada más. Me alejaba de mis compañeros, y lo peor era que ellos seguramente asumían que por ser ciega no podía hacer gimnasia como todos. Lo positivo se convertía en negativo.

Tenía un profesor que no me examinaba de Geografía. Me aprobaba sin examinarme. Denigrante. Pero en ese momento, cómodo. Desde luego al profesor se le tendría que caer la cara de vergüenza por hacer algo así, y a mí también, por admitirlo. Ahora me rebelaría con toda mi artillería. ¿A quién beneficiaba aquello? A la pachorra del tipo aquel, poco más.

La discriminación positiva a veces se confunde con un gesto educado, o un respeto un poco pillado por los pelos: hacer levantar a alguien en el autobús o el metro o cualquier otro transporte para dejar sentar a la persona ciega por ejemplo. Ahora hay plazas reservadas, pero hace años no era así. Ahí sí me rebelaba. Me resultaba humillante que hicieran levantar a una persona mayor que yo, cuando podía agarrarme a la barra perfectamente, como cualquiera. Algunos conductores de autobús no me cobraban el billete. ¿Por qué? ¿No ocupaba yo un asiento con mi trasero tan normalmente como el de cualquier hijo de vecino? ¿Y el seguro? ¿O antes un billete no integraba un seguro? Distinto es si vas con tu bebé en una mochila, o un niño pequeño de la mano, o si vas con perro guía, que siempre es mejor que pueda esconderse bajo los asientos, por el bien de sus patas o rabo.

Pasar delante de una cola, que te permitan repetir en una atracción sin bajarte por evitarte volver a subir, que no te hagan pagar en según qué lugares, que no te cacheen en el aeropuerto cuando cachean a todo el mundo. O lo que me ha pasado justo esta mañana: que una guardia de seguridad no me haga pasar por el detector en una oficina de la Seguridad Social, cuando al resto de usuarios le está haciendo dejar en la bandeja hasta las llaves. Le hubiese hecho la reflexión al irme, pero la chica tenía mucho trabajo. ¿Por qué yo puedo saltarme el control? No, no es una deferencia, es una discriminación… positiva.

Considero que no aporta ningún beneficio. Solo nos distingue de los demás cuando no es necesario. Otra cosa es que tengamos descuentos en según qué servicios, que bien cierto es que muchas veces no nos queda más remedio que invertir un dinero adicional, y no poco, que otras personas por el hecho de no tener ninguna discapacidad no desembolsan. Pero eso no es discriminativo, es una cuestión de equidad.

¿Hay que fomentarla? ¿Hay que erradicarla? Imagino que hay un término medio que pasa por la pedagogía y la concienciación de la sociedad. No es preciso luchar con malos modos contra lo que los demás otorgan como una deferencia, como un gesto solícito o cortés. No hay que rechazarlo con soberbia o prepotencia, con la dignidad herida, a no ser que se detecte una actitud de menosprecio. Pero hay que seguir sensibilizando a los demás para que no nos hagan una distinción que lo único que hace es marcar esas diferencias que llevamos mucho tiempo intentando minimizar.

Estaría bien si dejaseis constancia de vuestra opinión, o que explicaseis situaciones en las que habéis vivido esta discriminación positiva. Por favor, si lo hacéis, os agradecería que fuese en el mismo blog, muchos usuarios no leen Twitter o Facebook. Gracias.

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Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

10 opiniones en “Discriminación positiva”

  1. Hola Marta:
    Precisamente pensaba yo la semana pasada en la discriminación positiva por algo que me había pasado y que, al darme cuenta, me hizo gracia. Me apeteció ir con un bastón para apoyarme en él y lo hice durante un par de días. Cuando cogía el metro, o el bus, siempre había quien se levantaba para cederme el asiento. Yo respondía que no hacía falta, muchas gracias. Pero lo que más me llevó a pensar en ello es que hago siempre el mismo trayecto y desde hace seis meses aproximadamente y durante ese tiempo solamente sólo una vez se levantó una chica para cederme el asiento (a lo que yo me negué por supuesto) ¿es que he envejecido de repente, o que la gente se ha vuelto más amable, de pronto? No, la única diferencia es que esos dos días llevé el bastón. Hoy que no lo he llevado, nadie me ha ofrecido el asiento.

    1. En este caso, con un bastón para apoyarse de por medio, acepto que quieran cederte el asiento porque se supone que tienes algún problema motriz o de movilidad, y siendo así, me parece correcto. Si no se lleva, los demás no pueden saber si alguien tiene un problema en un pie o una afección cardíaca o cualquier otra dolencia.

  2. hola Marta, yo sufro esta discriminación en mi trabajo muchísimas veces, por el hecho de ser ciega y fisio eres muy buena, es verdad que yo no me suelo acomodar porque me molesta que, compañeros con mejor formación que yo no les digan lo mismo y es sólo por no ver.Por otra parte cuando me quedé embarazada pensaba: bueno, ya verás ahora, ciega y embarazada me van a ceder el asiento en todos los transportes pero, además de que estuve poco tiempo no me lo cedieron nunca, y eso que yo me ahuecaba el jersey para que se notase…, en fin, muchísimas cosas que contar con respecto a este post.Un saludo.

    1. Hola, Nuria. Sí, lo de los superfisios ciegos es un tópico. Seguro que en muchos casos será cierto, pero en otros, como en todo, falso. Los habrá buenos y malos o mediocres como en cualquier campo profesional. Gracias por tu comentario.

  3. Hola, lo de la educación física me pasó, pues lo viví desde que fui operada por desprendimiento de retina y no me dejaban hacer casi nada y de haber sido más fuerte me habría enfrentado, pero sí, la discriminación positiva es peor, saludos desde Venezuela.

    1. Hola, Irene. Lo de no poder hacer según qué por culpa de las retinas es harina de otro costal, como decimos por aquí, pero en tu caso influyó en la imposibilidad de no poder esgrimir tus derechos, puesto que, fuera como fuese, no podías realizar esa actividad. Esto lo reflejo ampliamente en mi última novela Las mariposas también vuelan. Un abrazo.

  4. Muy buena esa reflexión, Marta. Todos hemos vivido alguna discriminación positiva, incluso dentro de la propia familia. ¿Cuántas veces nuestros mayores nos exigieron menos que a nuestros hermanos por ser nosotros diferentes? PIENSAN que nos hacen un bien y, en realidad, están alimentando a ese “pobrecito” que llevamos dentro y aceptamos ese trato de favor porque la vida nos resulta mucho más cómoda así. Y en la sociedad es lo mismo. En Argentina me encuentro con muchísimas más discriminaciones positivas que, lamentablemente, muchos discapacitados defienden como derechos: viajar gratis, que te cedan el asiento, que te pongan delante de la cola aunque vayas acompañado por un vidente, etc. Para algunas cosas necesitamos realmente un trato especial: si yo voy a hacer un trámite, necesito que el administrativo cumplimente el formulario que debería rellenar yo, por ejemplo. Normalmente lo hace, pero alguna vez topé con algún corto de entendederas que se resistía a hacerlo, incluso tuve que volver a ir otro día con el papelito cumplimentado por algún amigo o familiar. Si voy a comprar a un supermercado, agradezco la ayuda de alguno de sus empleados para elegir los productos que quiero comprar, pero puedo hacer la cola igual para pagar, al menos yo, que tengo la discapacidad en los ojos y no en las piernas. Cada cosa en su lugar.

    1. Exacto. Cada cosa en su lugar. Como decía mi amigo Javier Moltó:

      La discriminación positiva es discriminación. Ayudar y apoyar son otra cosa.

  5. Hola, estoy de acuerdo en que la discriminación positiva puede ser tan mala como la negativa. Sin embargo, algunos de los que somos videntes nos encontramos muchas veces en situaciones en las que sin saber cometemos una discriminación positiva simplemente por falta de información. Yo, por ejemplo, a veces me he encontrado en el metro ante la duda de si guiar la mano hasta una barra o no a quien ha entrado con un perro guia. Ante la duda, le he guiado. Tal vez no era necesario. Quiero decir con esto que es imprescindible que desde la administracion se haga una labor de educacion a toda la sociedad, empezando por las escuelas y continuando por los medios de comunicación que ed ls mejor maneta de llegar a todo el mundo.

    1. Hola, César.

      Desde luego, administración y escuelas tienen una larga tarea por delante en cuanto a sensibilización y concienciazión. Sin embargo, los mismos afectados, día a día, debemos contribuir a normalizar un montón de situaciones, tal como digo, siempre con amabilidad y buenos modos en la medida de lo posible.

      Con respecto a lo que comentas del metro, en esa y tantas ocasiones, puede bastar con un ofrecimiento de ayuda, no invasivo. Es decir, se pregunta si hace falta la ayuda que tú te disponías a dar. Si la respuesta es positiva, se procede, incluso puedes volver a preguntar cuál es el mejor modo de actuar, si coger la mano, si verbalizar dónde está la barra… Si es negativa, ningún problema. Aceptar que no era necesario y nada más.

      Así es como poco a poco se consiguen resultados, persona a persona, momento a momento, situación a situación. Un abrazo.

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