Diminutivos y jarrones

No. Definitivamente, no.

Necesito saber qué relación existe entre las personas ciegas y los diminutivos. Me refiero a personas adultas, por supuesto. ¿Por qué alguien que no te conoce de nada se cree con el derecho o en la obligación de hablarte usando diminutivos? Hoy, sin ir más lejos, el policía que renovaba mi DNI: “Marta, si te cojo la manita y pongo el dedito en el punto de inicio, ¿podrás firmar? “Dame la manita. Perdona que la mía está fría, pero tú la tienes calentita.”

Señores, que están ustedes de cara al público, que no son mi abuela. Que no hay absolutamente nada que justifique este tipo de trato.

He acumulado tantas situaciones parecidas a lo largo de los años que sería repetitivo y cansino enumerarlas. Valga solo otro episodio para abordar el próximo supuesto.

Como el radiólogo que un día le dijo a la persona que me acompañaba: “Quítele la ropita y póngale la bata.” Y ahí entramos en el otro asunto, el tema jarrones, cuando por ejemplo en un grupo, alguien le dice a una tercera persona: “Ponla ahí, siéntala aquí, súbela al escalón.” Vamos, como quien moviliza un jarrón de un sitio a otro con las indicaciones de un decorador. Como si además, yo no pudiera moverme sola, aunque sea con indicaciones verbales por si hay que ocupar un lugar determinado.

De verdad. Necesito saber si es que algunas personas piensan que somos niños pequeños, que si nos hablan así muestran algún tipo superior de respeto, que deben brindarnos su protección y cariño porque somos seres desvalidos… No sé, no doy con la respuesta porque lo único que consigo cuando trato de razonar con ellas es una disculpa apresurada, incluso, a veces, ofendida.

Por favor: trátennos como tratarían a los demás. Si es con diminutivos, que sea porque los usan con todo el mundo. Si es con deferencia, porque es así como tratan a los demás. Con indiferencia si procede. De malos modos si me lo merezco. Es fácil. No me distinga.

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Autor: Marta

Soy de finales de los 60, así que he vivido una época interesante en mi infancia y adolescencia, llena de cambios, llena de libros. Estudios, trabajo, matrimonios frustrados, hijos maravillosos. Nada demasiado diferente de cualquiera de vosotros. Entrando en los cincuenta. Dicen que es la mejor etapa de la vida...

4 opiniones en “Diminutivos y jarrones”

  1. Hola Marta.
    Lo de los diminutivos quizás sea más por ser mujer, que persona invidente. Por ejemplo, a mí como hombre, al subir al autobús, muchos conductores se dirigen con los apodos de “Rey, Campeón, machote, etc”. Tal vez por reprimir la primera palabra que se les pasa por la cabeza, que seguro que es “ciego / ciega”.
    Por la segunda pregunta que haces, referente a los “jarrones”. Te puedo hablar desde los dos bandos de la situación. Como acompañante con vista y como acompañado sin vista. Probablemente sea porque prefieren dirigirse al acompañante que puede adaptarse a una situación incierta y desconocida con más rapidez que una persona invidente. Además, se pueden plantear que si llevan un acompañante es por algo. Entre personas sin discapacidad existe un alto grado de facilidad para dar instrucciones simplificadas tipo “Coge esto y llévalo allí”, dicho de la forma más directa y real. Si una persona que te atiende, por ejemplo en una consulta médica o una tienda, no está acostumbrada al trato con personas con una capacidad distinta, seguro que lo primero que suceda es que se vea desubicada. Y segundo que no sepan como dar esas instrucciones simplificadas. Además siempre queda aquello del miedo a meter la pata con alguna expresión inadecuada o “políticamente incorrecta”.

    1. Hola, Juan.
      gracias por tu aportación. En todo caso, diría yo, los diminutivos serían por ser mujer ciega, puesto que a otras mujeres que pasaron delante de mí, y en otras muchas ocasiones, no se las trató así.

      En cuanto a lo de ir acompañada, es posible, pero con respecto al tema jarrones, siempre que me ha pasado no iba acompañada, simplemente estaba en un grupo con más personas y las instrucciones se las decían unas a las otras.

      Un saludo.

  2. Hola Marta. Me encanta volver a recibir notificaciones comunicándome que de nuevo públicas .
    Te noto enfadada. Igualito, igualito que yo cuando renové por última vez mi documento de identidad. Exactamente la misma situación que tú cuentas, aunque en mi caso, lo mejor de todo fue que la funcionaria en cuestión, ni tan siquiera supo darme las vueltas del importe y tuvo que ser el pobrecito ciego quien se las rectificara y le devolviera los 20 pavos que me daba de más.
    Te pido disculpas por llamarte Martita tantas veces.

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